11/12/17

El TRABAJO ESPIRITUAL es AHORA

"Ahora" es lo único que tenemos. Nuestra realidad espiritual se vuelve una fantasía si no logramos captar el instante, si perdemos el momento...
No tenemos un mañana... esas son cosas de la mente. Y nuestro pasado muere cada vez que respiramos...
Reflexionar en la naturaleza de lo que llamamos "tiempo" es una necesidad en el trabajador espiritual.
La atadura más fuerte, el lastre más pesado, la ilusión más sórdida que nos genera el ego, es aquello que llamamos "tiempo".
Como en la mitología griega, Cronos (el tiempo) devora a la divinidad (presente en cada ser humano) y la sumerge en las profundidades de sus entrañas.
El tiempo nos atrapa, nos subyuga... Castramos el "ahora" pensando en lo que pudimos o no pudimos hacer ayer, en lo que deberíamos o no deberíamos hacer mañana...

"Medimos" el tiempo hasta cuando queremos ubicarnos aquí y ahora, y pretendemos que el ahora es un día, un "rato", una hora, un segundo...
Pero el ahora no es un segundo. Es un abanico eterno que lo integra todo: lo habido, lo por haber, lo que nunca fue, lo que nunca será.
No es un segundo. No corrompamos la naturaleza del "ahora" con nuestra patética costumbre de contar... Un segundo es una medida de tiempo, y el "ahora" no es del tiempo.
El ahora es un pulso del universo. Dicho poéticamente es una melodía infinita tocada en la lira de Apolo, la misma que podemos escuchar ahora si estamos atentos.
Reflexionemos en esto: en una estrella lejana, a millones de años luz, ahora están escuchando esta misma melodía... Si quisiéramos viajar a esa estrella a una velocidad cercana a la de la luz (casi inconcebible para la ciencia) aún así demoraríamos millones de años... pero en esa estrella lejana resuena esta misma nota de la melodía de Apolo...
El ahora "pulsa" y nosotros perdemos el "pulso" por estar metidos en el vientre de Cronos... En las entrañas del tiempo se nos hace difícil hasta entender que "hay un ahora".
En el vientre de Cronos sentimos que el pasado se nos ha ido...
Y sentimos que todo se nos viene encima: la vejez, la enfermedad y la muerte.
Todo cobra sentido cuando comprendemos que hay un "ahora" y que ese "ahora" es nuestra vida, es la misma divinidad presente, la estrella de la esperanza.
¡Ese es el trabajo espiritual! ¡Es ahora!


R. Embid A.Maciel

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