6/12/17

UNA CASA QUE PODAMOS HABITAR

El budismo afirma que existen 6 "reinos" del samsara (la rueda de la muerte y el renacimiento). Estos reinos están marcados por el dolor, la enfermedad, la vejez y la muerte, y corresponden a estados psicológicos predominantes en el ser humano. Estos estados pueden abarcar toda una existencia o una parte de ella, o variar con cierta frecuencia. Se podría inclusive inferir que todos los seres humanos podemos pasar eventualmente de un "reino" a otro en función de ciertos procesos internos o como consecuencia de eventos kármicos.

Esos "reinos" (o estados de la consciencia) son:
los espíritus infernales, siempre atacando, hiriendo a todo y a todos
los espíritus hambrientos, nunca satisfechos, siempre buscando más y más
los animales, presas de sus instintos y miedos
los seres humanos, atados a sus deseos y pasiones, conceptos y dudas
los semidioses, siempre envidiosos del poder de los dioses
los dioses, orgullosos, con poder, pero sólo en el reino del samsara

En el budismo tradicional se hace hincapié en que solamente el reino humano nos da la posibilidad de salir de la rueda del samsara, y en las ceremonias funerarias corrientes se elevan plegarias para que el muerto pueda renacer como "humano" para poder realizar el proceso  de iluminación budista.

Ahora quiero asimilar ese proceso con el de la construcción de una casa que podamos habitar.


Los espíritus infernales habitan cuevas subterráneas en las que nunca ven el sol, los espíritus hambrientos cavan hoyos y nunca pueden protegerse en ellos, los animales buscan un refugio natural, pero están siempre expuestos a los predadores... los humanos construyen una carpa, una choza, una casa... los semidioses viven en casas lujosas, pero prestadas, que tiene luego que devolver porque no les pertenecen... los dioses viven en sus palacios que se derrumban inevitablemente cuando mueren.

La amplitud de esta enseñanza hace que podamos entenderla de muy diversas maneras. La "casa" es aquel lugar en el que habitamos, que nos da refugio y abrigo.... en la simbología onírica, la casa es nuestro cuerpo, y, hablando más esotéricamente, nuestro cuerpo del Espíritu o cuerpos internos con los que nos podemos desenvolver con nuestra psiquis multidimensional. Son el cuerpo astral, mental y causal de los que nos habla la teosofía, la gnosis, etc.

La mayoría de los seres humanos tenemos nuestra pocilga (del latín "porcilica", lugar donde duermen los cerdos), nuestro establo, nuestra cuadra. Para algunas personas esto puede resultar ofensivo; conocemos gente que se resiste a considerarse de esa manera,  pero bueno... cada cual sabrá de sí mismo y lejos de nosotros querer "etiquetar" y menos aún ofender gratuitamente.

Pero hay pocilgas por doquier, cavernas y cuevas en las que escondemos todo lo que nos habita por dentro y que con tanto esmero encubrimos con una personalidad falsa y ambigua. Hay también palacios y casas derrumbadas por los "temporales kármicos"....

No somos animales eso está claro, biológicamente hablando. Tenemos las características de seres humanos y estamos, por tanto, llamados a participar de los procesos naturales como seres pensantes, capaces de emitir conceptos, y, a través de ellos, razonamientos.

Como "humanos" además, en el reino humano, es donde nos hacemos las preguntas: ¿para qué vivo? ¿por qué vivo? ¿qué es la vida? ¿qué es la muerte?, etc. La vida humana es valiosa en cuanto hay consciencia del sufrimiento y la ignorancia, el real camino para buscar la auténtica felicidad y sabiduría.

Quienes hemos tenido la dicha de recibir las claves del esoterismo, sabemos que la construcción de la morada interior es un tema psico-sexual. Eliminar y transmutar podrían asimilarse a los cimientos y la estructura... y el techo, el servicio, que simbólicamente da sentido a la vida, de la misma forma que el techo da sentido a una casa.

Entonces estamos en condiciones de construir nuestra morada interior. Hay muchos que son arquitectos, o constructores, u obreros, o peones, o simplemente avezados trabajadores con ansias de lograr el objetivo: una casa que podamos habitar, una limpia y acogedora casa, desde la que se irradie el fuego y la luz del hogar perfecto.

El trabajo psico-sexual es individual, personal e intransferible, eso es claro. La gran constructora, nuestra Divina Madre, la Gran Tara, siempre ha estado ahí, con nosotros, aguardando que pongamos manos a la obra.

Pero siempre que queremos construir hay mucho trabajo... problemas... Algunos sabrán de estructuras, otros de diseño, otros de materiales, otros de manejo de herramientas...  Así mismo, cuando buscamos la construcción interior necesitamos ayuda. Nadie hace su casa sólo con sus manos... vivimos en sociedad y eso nos invita a compartir. Necesitamos del prójimo. Todos necesitamos algo y debemos aprender a dar y a recibir.

Un pequeño grupo de apoyo es necesario, un grupo de personas afines, entre las que podamos ayudarnos, discernir, caminar juntos. No grandes instituciones, ni dineros, ni mandatos, ni dogmas, ni "maestros" todopoderosos... sólo un grupo de hermanos-amigos con los que, entre todos, podamos transitar con menos tropiezos el sendero interior. Ayudándonos todo se vuelve más fácil.

Rafael Embid A.Maciel

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