27/6/16

NUESTRO PRIMER AMOR


 Nuestro primer amor fue nuestra querida Madre.

    De ella desciende la gracia del Cielo porque es el símbolo del amor perfecto.

    Dios le da su Espíritu y la llave de todos los secretos. En su vientre creador podríamos encontrar la clave del Universo. 

    Cuando existe una verdadera entrega desde abajo, sus senos nos dan la leche de la sabiduría, de la cual bebieron Jesús, Krishna, Buddha, etc.

   
Decía el Dante que nuestros pedidos y oraciones sin la mediación de ella serían como enviar una Paloma mensajera sin alas.

    Cada uno de nosotros tiene en su origen espiritual una Madre Divina. Hay tantas madres en el cielo como seres humanos en la tierra.

    Basta recordar a Démeter que por amor descendió a los infiernos a rescatar a su hija Perséfone. ¿Qué diríamos también de la madre Huitzilopochtli que todavía llora por la ausencia de su hija? ¡Cuántas historias marcan el inmenso amor de la Madre hacia su hijo! 

    Sólo un hijo ingrato se olvida de su madre y cae en el error.

    Muchos hombres han desarrollado una poderosa personalidad, pero carecen de la profundidad que sólo da el amor hacia el eterno femenino, qué es la característica que tiene una esencia bien desarrollada.

    Dios es amor en su aspecto femenino, es la luz y la guía de toda obra, es la conciencia, es el Ser, es la madre, es el impulso volitivo de todo, es la sabiduría que delinea la creación en el infinito reposo, la omniabarcante quietud y la calma que sostiene al infinito universo. 

    La madre todo lo sabe, todo lo puede, todo lo intuye... 

    ¡Qué lindo es volver al primer amor! Penetrar en lo sublime es la mejor opción para retornar y percibir nuestra naturaleza esencial, prístina... 

    "Sentirse hijo": esto es un principio básico para iniciarse en el sendero espiritual sin seguir a ningún maestro o guía, es encontrar el hilo guía que nos lleva fuera del laberinto.

    La conexión con nuestra Divina Madre es fuera de toda duda un encuentro con el Dios manifestado. Ella es el Espacio Abstracto Absoluto que todo lo sostiene, es la naturaleza, es la presencia en la familia, la mujer en lo físico y es lo femenino en nuestro corazón.

    El Buddha Siddharta es Gautama, "El Boyero", el conductor de la vaca (símbolo de la Madre en la India)

    Resulta claro y palpable que para alcanzar la iluminación hay que entregarse en brazos de la Divina Madre.

José Luis Argañaraz Íñigo

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