12/12/17

MEDITAR SIN ESFUERZO


    Al finalizar las meditaciones grupales, muchas veces escuchamos comentarios de participantes quejándose de lo difícil que es "luchar contra los pensamientos", afirmando haber sido "vencidos" por el trajinar mental y cosas parecidas... En todos los casos siempre hemos explicado que esa lucha es parte de un juego de la mente, de la noria en la cual nos hacen girar nuestros egos y hemos insistido en lo equivocado que es luchar y esforzarse en la meditación.

    Y es que, al igual que abrir los ojos, activar la atención consciente no requiere más acción que el simple propósito de hacerlo. La mente, en cambio, como cómodo reducto del ego pluralizado, se esfuerza en prevalecer, en luchar, generando tensión con el objetivo de repeler los pensamientos que ella misma genera. Luchar contra los pensamientos nos coloca en la posición de un hombre que procurase detener los caballitos de un carrusel montado en ellos. Con la mente damos vueltas y vueltas y seguimos girando, mientras cambiamos de caballito, de acuerdo al "yo" que prevalece. Cuando nos disponemos a detener esa rueda no lo podemos hacer porque nosotros somos eso...

     
Para salirse del carrusel sólo es necesario bajarse y observar, y para eso no se necesita "esfuerzo", sino "voluntad". El esfuerzo es generado por un propósito que se mueve desde los planos inferiores (físico, vital, emocional y mental), la voluntad en cambio es generada por el Ser, por la realidad auténtica en el ser humano. Por eso, cuando oramos, pedimos voluntad, inspiración, asistencia, pero sería absurdo que pidiéramos esfuerzo. El esfuerzo lo debemos poner nosotros y es clave en muchos aspectos del trabajo interior, pero no debemos generar esfuerzo mental en la meditación.

     Y es que, aunque la mente se "esfuerce" en meditar, sabemos bien que no puede hacerlo, porque le mente es el mundo de los conceptos: su función es relacionar conceptos. Es, por lo tanto, una emisora de conocimiento y no una receptora. El verdadero conocimiento se recibe con la consciencia, que es la que tiene que activarse y estar alerta en  la práctica. Aunque nos cueste aceptarlo, la mente no puede "observar"... puede catalogar, razonar, hasta reflexionar… pero no puede observar... Está siempre atada a su catálogo de conceptos...

     Los yoes, entonces, manejan la mente en base a las oposiciones conceptuales: lindo-feo, arriba-abajo, bueno-malo, etc., etc. Pero ¿qué es lo lindo o lo feo?...preguntémosle a un artista clásico qué opina del arte abstracto...  Y si el mundo es redondo ¿dónde es arriba y dónde es abajo? Y el bien y el mal sólo existen en nuestra mente, por que la ética es una virtud del Ser desconocida para la confusa moralidad humana...

     Atrapada por el ego pluralizado, la mente mete dentro de su noria de oposiciones conceptuales al estado de alerta y a la meditación. La mente quiere estar alerta y quiere meditar... pero eso no es posible. Sería parecido a pedirle a la lengua que escuchase o al oído que hablase. La mente puede exponer, dar a conocer... pero no recibe conocimiento.

     Un ego mental se alegra cuando logra repeler un pensamiento por unos segundos, pero luego el pensamiento surge con mayor fuerza. Otro ego sufre cuando se da cuenta del divague mental, pero sigue en él, con pensamientos más "espirituales". Y así seguimos, de caballito en caballito, en nuestro carrusel mental.

     Algunos egos quieren estar en "Recuerdo de Si" y pasamos el tiempo pensando en como hacerlo, pero la autoconsciencia, de esa manera, no llega nunca. Los egos mentales quieren "observar" en la meditación, pero están continuamente "condenando" o "justificando" los pensamientos, porque esa es la labor de la mente: emitir conceptos en base a la polaridad de los opuestos.

     Si queremos saber hasta que punto la mente no tiene parte en esto, hagamos la siguiente prueba: vamos a hacer el esfuerzo mental en estar en "Recuerdo de Sí". Luego de un corto lapso vamos a hacer el esfuerzo mental en "no estar" en "Recuerdo de Sí"... El resultado es el mismo: si la consciencia se activa es porque el hecho de mencionar el "Recuerdo de Sí" es un llamador que inhabilita la polaridad de la mente, no porque la mente logre nada.  Entonces, el "Recuerdo de Sí" surge cuando el Ser quiere recordarse en nosotros, no cuando la mente hace un esfuerzo por recordarse... La contracara de esto es intentar pensar en algo o intentar no pensar en eso mismo, por ejemplo, hacer el esfuerzo en pensar en un elefante blanco y luego hacer el esfuerzo en no pensar en un elefante blanco. El elefante siempre va a estar allí, en nuestra pantalla mental...

     En la meditación debemos lograr el silencio natural de la mente y este sólo se produce cuando somos capaces de salir de la "rosca" mental. Los pensamientos-egos juegan con nuestra consciencia en forma similar a niños que le quitan la gorra a un amigo y comienzan a lanzársela entre ellos por el aire. El "juego" tiene sentido entretanto el dueño de la gorra corra y salte en procura de recuperarla, pero cuando deja de hacerlo, cuando se queda sentado observando, todos se aburren y el juego termina. Cuando cesa el esfuerzo, cuando sólo observamos, los pensamientos comienzan a detenerse y perder su significado. Se abren entonces espacios para la manifestación de la consciencia.

     Si logramos cristalizar esta actitud, descubriremos que la meditación no necesita comenzar en el momento que nos sentamos, ni terminar cuando nos levantamos de nuestro asana, sino que podemos convertir esto en un proceso vital, clave para el despertar integral. El acto de sentarnos a meditar se vuelve entonces la consecución de una actitud de atención, serenidad y desapego que cultivamos en todo momento, apartados de los conflictos y esfuerzos mentales.


Rafael Embid A. Maciel

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