27/6/16

El DESAFÍO de SABER ...


    Como trabajadores espirituales nos hemos preguntado muchas veces "¿quién soy?".  Queremos conocer nuestra auténtica realidad... pero ¿nos hemos preguntado quién pregunta? Tal vez pensemos que estamos buscando a nuestra auténtica realidad... pero es nuestra auténtica realidad, nuestro Ser Real que busca reconocerse y pone en nosotros esa interrogante. Entonces cuando preguntamos ya estamos estableciendo el principio de la religión, el "religare". Cuando preguntamos comenzamos a unirnos a Él.

    Allí quedamos esperando la respuesta. Tal vez pensamos que una voz en nuestro interior nos va a decir "eres esto" o "eres lo otro". Pero no obtenemos respuesta, porque es el Ser Real el que pregunta y lo que está esperando es reconocerse en nosotros... no alcanzamos a ver que está ahí y, en realidad, somos Él.

    No nos "damos cuenta" de esa realidad y entonces empezamos a responder: soy el papá de mis hijos, soy el dueño de este comercio, soy un buen amigo, soy sólo un hombre, soy un punto perdido en el universo infinito, etc., pero, si no tuviéramos hijos, ¿eso cambiaría nuestra real naturaleza?... si perdiéramos el comercio o a los amigos, ¿eso nos haría "ser" otra cosa? Si vamos a decir que somos "hombres", primero tendríamos que definir qué es un hombre realmente. En cuanto a lo del "punto perdido en el universo infinito", no sabemos lo que es un punto, no sabemos lo que es estar perdido (porque no sabemos de dónde partimos), no sabemos lo que es el universo y mucho menos podemos concebir lo que es el infinito.

    ¡Cuantas respuestas tiene la mente para tapar la verdad! La mente siempre tiene un "concepto" para ocultar nuestras intuiciones...

    Así es que cuando nos preguntamos "¿quien soy?" el Ser pretende que lo busquemos, porque Él no es sino nuestra naturaleza real. El "ego" que se siente diferente a todo "lo demás", nos hace sentir diferentes al Ser. Son los egos, los múltiples egos, los que nos confunden: el yo papá, el yo dueño, el yo amigo, el yo filósofo.... Ellos son los que crean el desconcierto en el que vivimos, pero no debemos olvidar que también son las botellas que transportan la esencia. Si rompemos las botellas (y son muchas botellas), la esencia libre palpita su propia naturaleza.

    Cuando nos preguntemos, debemos hacerlo con el máximo de cuidado ¿Quién soy...? ¿Quién soy...? ¿Quién...?, con la dedicada atención del que sólo le importa eso. Si lo hacemos correctamente debería ser una pregunta que deja la mente en silencio.

   
Con esto tal vez ya sería suficiente; pero la técnica, tal y cómo ha sido enseñada, implica un manejo integral de la atención. Entonces, lo segundo que debemos hacer es preguntarnos ¿Qué estoy haciendo? Y ahí nos damos cuenta que el Ser quiere cumplir una función, "hacer"... pero no lo estamos obedeciendo. Estamos ahí trabajando como bueyes o descansando como lagartos, o corriendo como liebres, escapando de todo, y escapamos tanto que nos escapamos de nosotros mismos. Y entonces tenemos que preguntarnos: liebre: ¿qué haces?, ¿corres? ¿Qué haces buey? ¿Que haces lagarto? Porque el Ser vino con una función, pero la olvidamos... ¡Qué malos trabajadores resultamos ser! Al decir del Maestro Rumi, nos encargaron un trabajo y nos quedamos haciendo otra cosa, o descansando, o lo que es peor, corriendo para todos lados sin saber a dónde vamos...

    Entonces tenemos que preguntarnos "¿qué estoy haciendo?" o ¿para qué estoy viviendo? y hasta agregaría algo más: "¿por qué?", "¿por qué hago esto?"

    Si nos preguntamos "por qué" con frecuencia, y lo hacemos con el corazón en la mano, sin engaños, dejaremos de hacer por lo menos la mitad de las cosas que hacíamos hasta ese momento; entonces tendremos que buscar en qué emplear el tiempo libre que te está sobrando. Pero no hay que afligirse... hay muchas formas de emplear en forma positiva el tiempo libre que nos queda cuando dejamos de hacer todas las tonterías que hacemos en el día.

    Ya nos hemos preguntado "¿quién soy?" y "¿qué estoy haciendo?" y tal vez queramos saber dónde estamos... eso no nos ha interesado mucho nunca, porque tenemos la sensación de que sabemos donde estamos. ¿Cómo comprender que eso es una ilusión de la mente? Es todo un desafío...

    Miramos a nuestro alrededor y vemos el espacio... pero ¿sabemos lo que es el espacio? Nuestro cuerpo es un cuerpo material, pero sería interesante que nos preguntáramos qué cosa es la materia. Porque en el fondo, en realidad, nuestro cuerpo no es diferente a la materia que nos rodea ni al espacio que la contiene. Antes de nacer, aún antes de ser procreados, nuestro cuerpo era un espermatozoide y un óvulo que buscaron unirse, y antes las glándulas que los produjeron, y antes, por lo menos en parte, la comida de nuestro padres... un plato de arroz y lentejas, por ejemplo. Y el arroz y las lentejas eran granos que crecían en las plantitas, etc. Entonces el cuerpo es aquel espacio que estamos ocupando porque nuestro Ser Real se manifiesta en él, pero nuestra real naturaleza no está en nuestro cuerpo.

    Estamos ocupando un espacio, tenemos un cuerpo material, porque el Ser quiso manifestarse, pero estamos acostumbrados a ver nuestro cuerpo en el mundo tridimensional y creemos que eso es lo único real. Sin embargo nuestra mente, nuestras emociones y nuestra voluntad ocupan otros espacios, espacios o mundos "internos". Esos espacios son las llamadas dimensiones superiores, las cuales no somos capaces de comprender ni de ver.

    Así que tenemos que "tomar consciencia" del plano físico, para poder tomar consciencia del plano astral (de las emociones), del plano mental (de la mente) y del plano causal (de la voluntad), los llamados "mundos internos". En realidad, si tomamos consciencia de esos planos, veremos que el plano físico no es tan necesario, aun cuando sepamos que si el Ser está manifestándose físicamente es porque, por algún motivo, necesita hacerlo...

    ¿Dónde estoy?" "¿Estoy con el cuerpo de carne y hueso, o estaré ahora en los mundos internos?" Porque de noche, cuando dormimos, nuestro cuerpo queda en estado latente, pero la psiquis continúa activa, aunque en forma inconsciente, en esos mundos internos. Y el objetivo aquí es despertar esa consciencia dormida... Entonces, aquí mismo, sin más demoras, miramos alrededor buscando cosas raras: a una abuela que ya falleció, gente que pasa volando, una fiesta en el cuarto de baño de la casa, una extraña actitud de un vecino, o una lámpara que no está donde debería estar... Todas esas cosas, indican (o pueden indicar) esa realidad paralela en la que es posible despertar consciencia.

    Buscamos lo raro, lo extraño, y si lo encontramos nos preguntamos "¿Estoy con mi cuerpo físico o estoy ahora en los mundos internos?", y pegamos un saltito con la intención de flotar, porque si estamos en el plano astral quedaremos suspendidos en el aire. Si no lo estamos caeremos al piso... pero, de noche, mientras dormimos, repetiremos esa misma prueba, y en ese momento estaremos en el plano astral, un plano que no podemos comprender porque, obcecadamente, siempre creemos que sabemos donde estamos.

    Si practicamos esto metódicamente, varias veces en el día, y con mente abierta, cuando lo hagamos en el plano astral quedaremos flotando y nos daremos cuenta que el cuerpo físico es sólo un vehículo... que hay un universo inexplorado más allá de nuestro cuerpo dormido en la cama, un mundo prodigioso que no sabíamos que existía.

    El desafío ahora es hacerlo con convicción y constancia, sin más vueltas. No es cuestión de leer, es cuestión de practicar.

Rafael Embid A. Maciel

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